martes

Con los calzones bien puestos.

Definitivamente una de las prendas que identifica a la mujer por excelencia son las pantaletas, bragas, cucos, íntimos, pantis o más conocido como calzones, uno de mis compañeros de universidad experto en las artes amatorias me contaba sobre una pequeña clasificación que hacía de estos basado en su experiencia.
El guerrero: calzón económico de caucho blanco que viene en parejas de 3 por $10.000 o los 7 en 20 “mami”, con marquillas de ardidas, desel, o pan primo, de difícil ajuste y complicado quite, tenga cuidado que uno siempre tiende a enredarse, en caso que usted quiere ayudar a despojarse de este a su propietaria.
El Highlander: este calzón ha sufrido los embates del cepillo, que ha dejando daños irreparables, se pueden observar en lo roído y la sutil transparencia para nada cautivadora al campo visual.
El tipo Bomba desinflada: este tipo de cuco no amerita su existencia, parece que su portadora hubiera cogido una bomba y le hubiera hecho tres huecos, el de la cadera y las dos piernas, el caucho da algunos visos de cierta elasticidad, ¿que como se mantiene en su lugar, sin caerse? es todo un misterio; el hecho es que crea una especie de burbuja a medio inflar en la parte de atrás.
El playero: recibe tal denominación no por su forma, sino por la exposición al sol tan barbará que ha sufrido, su color es difícil de definir por el degrade en diversas tonalidades, suelen llevarlo a pensar sobre las tendencias hippescas de su portadora.
El Hitleriano: este tipo de calzón, es limitado en tela, parece que tiene todo en su lugar pero si se detiene a mirar le hará recordar aquel dictador por el mostacho, que deja vislumbrar.
El bulímico: este tipo de íntimo, es generoso en tela, con los movimientos de su dueña parece que se esta autoconsumiento lentamente, vuelve a salir expelido con la ayuda de la mano en forma de pinza a modo de regurgitación provocada, hay que ver que muchas mujeres este tipo de prenda les da guerra, pues se lo comen y lo vomitan siempre.
La telaraña: este se supone que alguna vez estuvo conformado por encajes, que lentamente y quizás por la misma razón que el Highlander ha perdido, dejando solo un trenzado de hilos unidos por las carnes generosas de su dueña.
La verdad de todo se ve en este mundo cruel, lo único que es cierto, es que poco importan en las artes amatorias, ya que el placer de quitarlos y refundirlos en las cobijas no tiene precio.
Fotografía. Leo Bernal

1 comentario:

nightwriter dijo...

que post tan urbanamente cotidiano! esa caracterización tanguera es el común denominador en las cafeterías y bares universitarios generalmente!